22 Mar 2014

¿Sembramos una o dos bolsas de trigo por hectárea?

Resultados de un ensayo de densidad de siembra realizado por estudiantes de agronomía. LA VOZ.

Hablando con el padre de Germán –José María Gasparotto, productor de la localidad de Matorrales– sobre el cultivo de trigo, surgió un lindo contrapunto entre los tres. Él, graduado en el campo de manera autodidacta, y nosotros en las postrimerías de la carrera de Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de Córdoba.

Teníamos las de perder ante el bagaje de experiencias que José María ostentaba ante nosotros. Sin embargo, decidimos cursar juntos una materia, la de la experimentación. Él se mantuvo en sus trece acerca de que dos bolsas de semilla era lo aconsejable en cuanto a densidad de siembra para la región; en cambio nosotros, y luego de haber leído algunos informes, sosteníamos que con una bolsa era suficiente para alcanzar el rendimiento objetivo.

Al sembrar dos bolsas, él lograba distribuir tres millones de semillas por hectárea y se aseguraba unas 500 espigas por metro cuadrado, en promedio 1,6 espigas por planta; en cambio nosotros, con una bolsa implantábamos 1,5 millones de semillas, pero cada una de las plantas originadas a partir de éstas darían más espigas por planta.

Es decir, gracias a la capacidad que tiene el trigo de macollar se lograba alcanzar el mismo número de espigas por metro cuadrado sembrando una bolsa en vez de dos. El rendimiento objetivo que nos planteamos fue la media regional a partir de la difusión de la siembra directa, 2.300 kilos por hectárea.

Experiencia

El 14 de mayo de 2012 nos dirigimos hacia campo ubicado a 4,5 kilómetros de la localidad de Matorrales (departamento Río Segundo). La elección del sitio recayó sobre un lote en el que se había cultivado una soja que rindió 2.500 kg/ha de grupo IV (largo) y que, a regañadientes, José María nos ofreció para que resolviésemos la divergencia.

El lote estaba impecable de limpio (1,4 kg/ha de glifosato) al que también se le aplicó un preemergente (4 g/ha de metsulfuron metil).

Además de probar las dos densidades de siembra, también se planteaba un eventual recambio varietal. Es así que se decidió comprar semilla original de los cultivares Klein Guerrero (inscripto en el Inase en 2007) y Klein Capricornio (inscripto en 2004). La semilla fue tratada con cura semillas para prevenir ataques de gusano blanco y pulgones, e infecciones de carbón cubierto y desnudo.

Por cada densidad de siembra (150 y 300 semillas viables por metro cuadrado) y cultivar de trigo se sembraron contiguamente entre una y dos hectáreas. La distancia entre surcos fue de 17,5 centímetros. En función de que llovieron 35 milímetros en agosto, algo poco frecuente, se aplicó un fertilizante liquido (80% N; 20% S, o 28 kg N - 5,6 kg S por hectárea).

Tal como se señalo con anterioridad, a las oportunas precipitaciones de agosto le siguió un septiembre (93 mm.) y un octubre (169 mm.) igualmente pródigos en agua pluvial.

Los rendimientos en grano (kg/ha) estimados a partir del peso por tolva como así también el peso de mil granos se presentan en la tabla que se adjunta.

Paralelamente, se estimó el rendimiento a partir de dos muestras tomadas dentro de cada parcela. Como era previsible, los valores obtenidos sobreestimaron el rendimiento medido por tolva entre un 15 y un 20 por ciento.

Lo llamativo es que, en ambos cultivares, los rendimientos fueron mayores cuando se sembraron 150 semillas por metro cuadrado (10%). Desde el punto de vista cualitativo, la densidad de siembra no afectó ni el peso hectolítrico (78) ni el porcentaje de gluten del grano (33).

Efecto positivo

Los rendimientos logrados se ubican por encima de la media regional, lo que habla a las claras del efecto positivo que tienen sobre el cultivo de trigo la ocurrencia de precipitaciones durante el período crítico para la determinación del rendimiento en grano (20 días antes y 10 días después de la espigazón).

Dejando por sentado que no se contó con repeticiones por combinación de tratamientos y que este tipo de investigación adaptativa debería abarcar más sitios y más años, los resultados preliminares nos indican que tanto el recambio varietal como la disminución de la densidad de siembra a la mitad de la normalmente utilizada no afectaron la producción de grano. Finalmente, tanto nosotros como José María acreditamos más conocimiento, más allá de la diferencia etaria.

Especial. Los autores son estudiantes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC), bajo la tutoría del ingeniero agrónomo Ricardo Maich.

Fuente: LA VOZ.